Una página de diario manchada escrita con letra cursiva temblorosa
Abandonando a Edward Página - BD NWGuide de Lore
Abandonando a Edward Página Una página de diario manchada escrita con letra cursiva temblorosa - en la base de datos de Lore de la Guía del New World
Era un gran salón. Mi señor estaba de pie en el centro, rodeado por sus invitados. En la esquina, con los brazos cruzados, apoyada contra un pilar, estaba la mujer que me había murmurado las palabras, aunque ahora no me prestaba atención, lo cual agradecía, pues mi Sol era único. «Damas y caballeros», dijo mi Luz, «tenemos entre nosotros un nuevo miembro de nuestro hogar». Su mirada y la de todos los presentes en la sala se volvieron hacia mí. Sentí su odio, sus celos, y eso me excitó. Por supuesto que estaban celosos de mí, pues Él me amaba más que a nadie, ¿y quién no lo haría? Me pavoneé con mis galas. Él me quería y a ellos no. Estaba tan absorto en este pensamiento que apenas noté que un joven se había sentado a mi lado. Casi le golpeé por distraer mi atención de mi señor. Lo que mi señor estaba diciendo era importante. Decía...
«Recuérdate a ti mismo».
Las palabras que la mujer había pronunciado acudieron a mi mente y, de repente, esas palabras eran todo lo que podía oír, estrellándose contra mis oídos como el mástil de mi barco partido por un rayo se había estrellado contra el mar. La voz de mi señor sonaba cada vez más lejana. ¿Recuerda quién eres? Era lo último que quería... ¡No, no! Sentí que algo me rozaba la mano. Al mirar, vi de nuevo al joven. Era mi hermano. Edward era su nombre. Aparté mi mano de la suya y vi el dolor en sus ojos.
«¡Demos la bienvenida ahora a nuestros invitados especiales!». Mi señor señaló una puerta por la que empezaron a aparecer horrores vivientes. Aunque algunos caminaban sobre dos piernas, ahí terminaba cualquier parecido con los humanos. Tenían la piel de los cadáveres y sus mandíbulas recordaban las de los insectos, con filas apretadas de largos dientes como agujas que chocaban entre sí. Estaban hechos para desgarrar carne. Casi grité alarmado cuando sentí la mano de Edward sobre la mía de nuevo, esta vez apretándola con fuerza en señal de advertencia. «Tranquilízate y escúchame con atención, hermano. He hecho un trato con ella. La que te despertó. Te ayudará a escapar de aquí».
Los sirvientes pasaron con un carrito lleno de comida... Ah, comida... Había olvidado lo hambriento que estaba. Dos bandejas cubiertas. No eran de plata, sino de cobre sin pulir. El hambre casi me hizo olvidar el peligro que corríamos, hasta que levantaron las tapas. Para mi horror, Talbot yacía en una sartén, asado en su punto, mientras que la otra contenía lo que parecía ser un muslo humano. Al borde de la histeria, me pregunté si los habría devorado si mi mente aún siguiera bajo el hechizo. Sabía perfectamente cuál era la respuesta. Pero el shock me despertó completamente de mi aturdimiento. «No mires», le ordené a Edward, cuyo rostro cubierto de lágrimas me decía que ya lo sabía. «Vamos, huyamos juntos», le insistí a mi hermano pequeño mientras los monstruos entraban en silencio y se abalanzaban sobre los sirvientes, que se limitaban a mirar al frente con apatía mientras los devoraban.
Pero Edward negó con la cabeza. «Estarás más seguro solo, yo no haría más que retrasarte». Sonrió tristemente, con aquellos pequeños labios pálidos. Y esta vez, no apartó la mirada.
Esa mirada me perseguiría para siempre. Lo abandoné. Lo abandoné en ese banquete del horror.
Mapa
| Zona | Puntos de aparición |
|---|---|
| Refugio Nocturno | |
| Ciudad-Estado de Durevos | 1 |
